Capítulo 1

In nome di Dio e del guadagno

Sin las anotaciones del libro, todo comercio sería confusión, y el mercader caminaría entre tinieblas sin saber si avanza o retrocede.
— Luca Pacioli, Summa de Arithmetica, 1494

Es la primavera de 1490. Marco Datini tiene diecinueve años y acaba de llegar a Venecia con una carta de presentación de su tío, un modesto comerciante de telas en Florencia. La ciudad lo recibe con un espectáculo que ningún florentino olvida jamás: cientos de barcos anclados frente a la Piazzetta, góndolas cruzando el Gran Canal como hormigas sobre un tronco, y el Puente de Rialto latiendo con el pulso del comercio más intenso del mundo conocido.

Marco camina por el mercado del Rialto con los ojos muy abiertos. A su izquierda, un armenio negocia sacos de pimienta negra. A su derecha, un veneciano discute con un genovés el precio de un cargamento de seda cruda. Más allá, un cambista pesa monedas de plata en una balanza diminuta. Ducados, florines, dinares, besantes: decenas de monedas de toda Europa y el Levante cambian de manos en cuestión de minutos.

Y Marco se hace la pregunta que definirá su vida:¿cómo es posible que alguien pueda llevar el registro de todo esto?

Esa misma semana, en la iglesia de San Bartolomeo, junto al Rialto, se anuncia una conferencia pública. El orador es un fraile franciscano de rostro afable y mirada penetrante:Fra Luca Pacioli, matemático y maestro de toda Italia.

El tema de la conferencia es simple pero ambicioso:"Delle scritture dei mercanti"— sobre las anotaciones de los mercaderes. Pacioli habla con la pasión de un hombre que ha vivido entre números toda su vida. Ha sido tutor de los hijos de familias nobles, ha enseñado en las universidades de Perugia, Roma y Nápoles, y ha convivido con los mercaderes más exitosos de la península.

Marco se sienta en la última banca, fascinado. Pacioli dice algo que el joven nunca olvidará:

Al terminar la conferencia, Marco se acerca tímidamente al fraile. Le dice que es aprendiz de comerciante, que quiere aprender a llevar libros. Pacioli lo mira con curiosidad y le pregunta:"¿Sabes sumar y restar con cifras arábicas?"Marco asiente. El fraile sonríe:"Entonces ya tienes la mitad del camino andado. Ven a verme mañana en el convento."

A la mañana siguiente, en una celda austera del convento franciscano, Pacioli le explica a Marco el principio que sostiene todo el edificio de la contabilidad. Toma un trozo de pergamino y traza una línea vertical en el centro.

"Cada vez que algo sucede en tu negocio", dice Pacioli,"debes anotarlo dos veces. Si recibes diez ducados por una venta de telas, anotas diez ducados que entran a tu caja y diez ducados de venta. Si pagas cinco ducados por lana, anotas cinco ducados que salen de tu caja y cinco ducados de lana que llegan a tu almacén."

Este es el principio de lapartida doble(scrittura doppia):cada transacción afecta al menos dos cuentas. Lo que entra por un lado debe salir por el otro. Es un sistema de equilibrio perfecto, como la balanza del cambista en el Rialto.

Marco lo entiende intuitivamente. Si alguien te da algo, tú le debes algo a cambio. Si recibes monedas, entregas mercancía. Si pides prestado, adquieres una deuda. Nada aparece de la nada; nada desaparece sin dejar rastro.

Pacioli le enumera a Marco las razones por las que un mercader necesita llevar libros ordenados. Marco las anota cuidadosamente en un cuaderno:

• Conocer tu posición— Saber en cualquier momento cuánto posees, cuánto debes y cuánto has ganado."Un mercader que no conoce su posición", dice Pacioli,"es como un capitán que navega sin brújula."

• Tomar decisiones— ¿Conviene comprar más pimienta o invertir en telas? Solo los números te dicen la verdad.

• Rendir cuentas— A tus socios, a tus acreedores, a la Señoría de Venecia. La confianza se construye con libros transparentes.

• Detectar errores y fraudes— Si los cargos no igualan a los abonos, algo está mal. El sistema se vigila a sí mismo.

• Recordar— La memoria humana es frágil. Los libros son la memoria del negocio.

Antes de que Marco comience a practicar, Pacioli le enseña cinco palabras que usará todos los días de su vida como mercader:

Póliza (Journal Entry)
El registro de una transacción. Cada vez que algo sucede — una venta, una compra, un pago — se crea una póliza. Contiene al menos dos líneas: una de cargo y una de abono. En la Venecia de Pacioli, se anotaba primero en el memoriale (diario) y luego se pasaba al libro mastro (mayor).
Cuenta (Account)
Una categoría para clasificar transacciones del mismo tipo. Todos los movimientos de monedas van a la cuenta de Cassa (caja). Todas las ventas van a la cuenta de Vendite. Cada cuenta acumula sus movimientos y tiene un saldo.
Catálogo de cuentas (Chart of Accounts)
La lista organizada de todas las cuentas que usa tu negocio. Es como el índice de un libro: te dice dónde encontrar cada tipo de información. Marco aprenderá a crear el suyo en el capítulo 3.
Cargo (Debit / Deve)
Un movimiento al lado izquierdo de una cuenta. Aumenta lo que posees (activos) y lo que gastas. Disminuye lo que debes (pasivos) y lo que ganas (ingresos).
Abono (Credit / Avere)
Un movimiento al lado derecho de una cuenta. Aumenta lo que debes y lo que ganas. Disminuye lo que posees y lo que gastas.

Al despedirse, Pacioli le da a Marco una tarea."Mañana, cuando vayas al Rialto, observa tres transacciones. Para cada una, dime: ¿qué entró? ¿qué salió? ¿a quién afectó? Si puedes ver esas tres cosas, ya estás pensando como un contable."

Marco sale del convento con el cuaderno bajo el brazo y una sensación nueva: el caos del mercado ya no le parece caos. Empieza a ver los hilos invisibles que conectan cada moneda que cambia de manos con una anotación que debe existir en algún libro. El lenguaje del comercio tiene una gramática, y él acaba de aprender sus primeras palabras.